El “positivismo” es cosa de meigas

Fuente: Lar das meigas http://bit.ly/1GJSBwb

Fuente: Lar das meigas – http://bit.ly/1GJSBwb

Hace bastantes años, no sé muy bien como, me convencieron de que visitase a una señora que al parecer era meiga, de esas que curan el mal de ojo y te remedian las malas rachas.
Supongo que una serie de catástrofes (a pequeña escala) encadenadas en mi (normalmente) monótona vida me llevaron a buscar cualquier posible explicación que mi mente fuese capaz de asimilar.
Aquella señora, que habitaba una vieja y pequeña casa de aldea perdida en un inhóspito y solitario páramo, sin luz ni gas y que aún cocinaba en una antigua lareira, me espetó una frase francamente inquietante si no lapidaria, propia de cualquier religión o superstición, pero que me he hartado de oir y leer (debidamente tuneada) a los grandes gurús del coaching:
“Neniño, o quen non acades será para ben”
(Neniño, lo que no consigas será para bien)
La frase es el paradigma del positivismo, cualquier cosa que no consigas se debe a que hay algo bueno o mejor para ti esperándote, solo tienes que buscarlo.
Lo malo es su efecto placebo emocional, porque lo cierto es que suena bien e incluso puede resultar una buena motivación puntual para resistir los embates de la vida, pero no por ello deja de ser un modo de autoengaño, un truco para aguantar los chaparrones hasta que te rompas o te rompan de forma irrecuperable, haciéndote devoto creyente del pesimismo, ese claro antagonista de la teoría pero como mínimo igual de nocivo y peligroso.
Apoyarse en esta teoría nos aleja de la única vía válida para enfrentarnos a nuestros problemas o dificultades, y esa vía es el realismo, entendiendo como realismo el es ser capaz de analizar y desmenuzar nuestra propia situación y diagnosticar los puntos fuertes y débiles para aplicar medidas potenciadoras y/o correctoras según el caso.
Cuando escribo o hablo de la Seguridad y Salud laborales, a veces me definen como pesimista o de actitud negativa. No lo soy, más bien al contrario, en la escala de niveles del realismo me encuentro más hacia la parte optimista que hacia la pesimista, porque si bien mi diagnóstico suele ser (a la fuerza ahorcan) bastante crítico con la situación actual, siempre defenderé que hay mil y una formas de hacer que esto mejore y que es posible cambiarlo.
Por eso no creo que haya nada que celebrar los 28 de abril, al menos de momento, porque las cifras y los resultados de los últimos 20 años (los que tiene la LPRL) no son para darnos palmaditas en la espalda de satisfacción.
Si veo las cosas azul oscuro casi negro, no es que yo sea un pesimista redomado, como tampoco lo somos los que creemos fundamental que se difundan adecuadamente los accidentes laborales entre la sociedad haciéndolos públicos, no por morbo o para dar penita, sencillamente porque la única forma de aprender de los errores es conocerlos adecuadamente; y es que al igual que con la historia, el desconocimiento de lo que ocurre en la realidad nos condena a repetirlo una y otra vez.
Ahí radica la parte positiva de mi postura realista, conocidos los datos reales busquemos la solución, hagamos que no se repitan, sin temor a los gigantes una vez sabemos que solo son molinos.
Mientras, gallego como soy, sigo sin creer en las meigas…
…“pero haberlas háilas”…

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