Los peones ¿Leyendas urbanas?…

Era yo apenas un mozalbete cuando se aprobó aquella Ordenanza de Trabajo de la Construcción, Vidrio y Cerámica de 1970, tan añorada por muchos y tan desconocida para la mayoría pues no en vano está derogada desde 1994, aunque eso sí, de aquella manera… (esto es España)…

La Ordenanza contenía entre otras la clasificación de niveles y categorías profesionales de varios sectores, con indicación somera de las funciones propias de cada una de ellas.

En concreto y en lo que se refiere a los peones ordinarios, la Ordenanza distingue entre peones y peones especialistas pero en este caso solo nos interesan los peones ordinarios, que define la Ordenanza como “operarios mayores de 18 años que efectúan labores para cuya realización se requiere predominantemente la aportación de esfuerzo físico, sin necesidad de práctica operatoria alguna y que pueden prestar sus servicios indistintamente en cualquier lugar del centro de trabajo”.

En resumen, a un peón ordinario no se le podrían exigir habilidades o conocimientos más allá de la simple fuerza bruta, estableciendo la ordenanza que un peón no precisa de una cualificación especial, pero obviamente no asevera que ese peón no pueda contar con una cualificación mayor a la exigida para su categoría, o mejor dicho, para la categoría que figura en su contrato.

Una vez dicho esto, viene la pregunta del millón, la que tiene mil respuestas y como siempre casi todas basadas en “leyendas urbanas” o “radio macuto”, que son las formas no escritas del “copia-pega” e igual de dañinas.

¿Puede un peón “raso” utilizar herramientas y/o maquinaria?

Derogada la ordenanza, los sucesivos Convenios Colectivos del Sector de la Construcción (CCSC) intentan que se establezca una nueva clasificación de los niveles y categorías profesionales “que responda a las necesidades actuales del trabajo en el sector, definiendo oficios, especialidades, profesiones y grupos profesionales, así como las consecuencias operativas de dicha clasificación, tanto en el orden funcional de prestación del trabajo, como en el orden retributivo en cuanto a su adscripción a los distintos niveles de retribución.” (CCSC 2002 – 2006), dando como fecha límite para la elaboración de esa clasificación el 31 de diciembre de 2002.
Durante ese período el CCSC 2002-2006 mantiene, a través de su disposición transitoria segunda, la validez de lo dispuesto sobre la materia en la derogada Ordenanza de 1970, especialmente el artículo 100 y el Anexo II de la misma.

Lo cierto es que transcurrido el plazo sobradamente, nunca se llegó a elaborar la clasificación y la práctica habitual fue la de considerar que un peón no está capacitado para ejecutar trabajos con herramientas o máquinas peligrosas y por lo tanto, al no formar parte de sus funciones, en la práctica se le prohibió de forma tácita todo trabajo o tarea que exigiese un mínimo de cualificación.

Primer y flagrante error, pues como dice un buen amigo “Si un Ingeniero está contratado como peón es su problema. Si además hace de Ingeniero es que es tonto o no tiene otro trabajo…”, condiciones no excluyentes según la opinión de ambos.

Pero el tiempo pasa, el CCSC 2002-2006 caduca y se firma el IV CCSC 2007-2011, en el que de nuevo se pone plazo (un año) a la elaboración de la clasificación de categorías profesionales, plazo que por supuesto no se cumplirá y que motiva la inclusión de una nueva cláusula transitoria, en este caso haciendo referencia directa a la Tabla de Niveles Salariales, que mantiene lo establecido en los contenidos de los Convenios precedentes del Sector, es decir, mantiene la clasificación de niveles de la Ordenanza a efectos salariales (este matiz es importante, pues no se trata de un condicionante de SyS).

Finalmente el V CCSC (2011), aprobado el 20 de enero de 2012, renuncia inteligentemente a marcar un plazo para la definición de categorías profesionales y expone un lista específica (copia de la Ordenanza) provisional hasta que por fin alguien decida poner manos a la “obra”.

http://www.pts.org.ar/spip.php?article9129Si aplicamos la idea general de relacionar requisitos mínimos de cualificación del puesto de trabajo con capacidad para ejecutar determinados trabajos o utilizar determinadas herramientas y equipos, resultará que un peón no podría utilizar herramientas complejas ni máquinas o equipos de trabajo, es más, como mucho se le podría a poner a barrer la entrada peatonal de la obra, no vaya a ser…
Pero existen otras líneas que se cruzan con esta idea, provenientes de los propios Convenios Colectivos y de otras normas de rango superior que modifican sustancialmente los parámetros de valoración y por lo tanto las posibles conclusiones.

Trabajos de superior e inferior categoría.

Los sucesivos CCSC contemplan la posibilidad de que cualquier trabajador pueda ser destinado a trabajos de categoría superior a aquella a la que pertenece, regulando los períodos de tiempo, así como las remuneraciones o compensaciones a las que tiene derecho el trabajador como consecuencia de esta circunstancia. Naturalmente todo ello de acuerdo con lo que establece el Estatuto de los Trabajadores respecto a las modificaciones en cuanto a funciones, etc. y primando siempre el principio de prevalencia de la opción más beneficiosa para el trabajador.

Por lo tanto, un peón ordinario podría ejecutar trabajos correspondientes a una categoría superior dentro de unas condiciones “laborales” concretas, es decir, el hecho de que no se le exija una determinada cualificación para ser peón ordinario, no implica que este no cuente con la misma o que se le prohíba hacer uso de ella si la posee.

De igual manera, un oficial de 1ª puede aceptar la ejecución de labores correspondientes a categorías inferiores, incluso ser contratado en una categoría inferior con requerimientos formativos y de cualificación inferiores.

Y es que no lo digo yo, lo dice el “V Convenio colectivo del sector de la construcción” (2012 – 2016):

“La acreditación de la categoría profesional por la Tarjeta Profesional de la Construcción no obliga a la empresa a la contratación del trabajador con esa categoría.” (Título I, Capítulo I, Artículo 18, punto 5)

Que además dice, por si había dudas:

“Las empresas, previamente al ingreso, podrán realizar a los interesados las pruebas de selección, prácticas y psicotécnicas, que consideren necesarias para comprobar si su grado de aptitud y su preparación son adecuados a la categoría profesional y puesto de trabajo que vayan a desempeñar” (Título I, Capítulo I, Artículo 19, punto 1)

Eso sí, la vuelven a liar en el Artículo 28. Clasificación profesional, pero visto lo visto esto irá para muy largo.

Pero mientras tanto, lo que va a misa es que el empresario tiene la potestad de ascender de categoría a sus trabajadores entre otras posibilidades basándose en que hubiese desempeñado anteriormente “función de superior categoría profesional”, es decir, que la categoría profesional no dice nada de las capacidades del trabajador, más bien solo habla de su sueldo…

El papel del empresario.

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece en su artículo 14 el derecho de los trabajadores a una protección eficaz y el deber del empresario en cuanto a la protección frente a los riesgos laborales.
A continuación, en el artículo 15 deja bien claro que el empresario debe de actuar conforme a una serie de principios generales, evaluando los riesgos no evitables, combatiéndolos en origen, adaptando el trabajo a la persona, teniendo en cuenta la evolución de la técnica, sustituir lo peligroso por lo que entrañe poco o ningún peligro, considerando las capacidades profesionales de los trabajadores en materia de seguridad y salud y adoptando las medidas necesarias para que solo los trabajadores suficientemente informados y formados puedan acceder a las zonas de riesgo grave y específico.

Más importante, el artículo 17 añade la obligación del empresario de adoptar las medidas necesarias para que los equipos de trabajo sean adecuados para el trabajo que deba realizarse y convenientemente adaptados a tal efecto, de forma que garanticen la seguridad y la salud de los trabajadores al utilizarlos, además, cuando se trate de equipos especialmente peligrosos su utilización se reserva a trabajadores capacitados para ello que serán los únicos encargados de dicha utilización (capacitados, que no categorizados).
Los artículos 18 y 19 cierran el círculo indicando la obligación de informar y formar al trabajador en función de su puesto de trabajo, de forma específica y atendiendo a las posibles modificaciones y cambios dentro de la organización.

Por su parte, el RD 1215/1997 en su Artículo 3, determina las obligaciones del empresario en relación con la utilización por parte de los trabajadores de los equipos de trabajo, la elección de los mismos, su mantenimiento, etc.
Y en el Artículo 5 concreta en mayor medida lo establecido en los artículos 18 y 19 de la Ley 30/1995 de PRL, estableciendo la información/formación que ha de facilitar, como ha de hacerlo, el contenido etc.

Por todo ello, parece lógico pensar que es al empresario a quién corresponde la responsabilidad de autorizar al trabajador a utilizar los equipos de trabajo, basándose en la capacidad del trabajador, su formación, experiencia, etc., como ocurre con cualquier otra actividad laboral que desarrolle el trabajador, independientemente de su nivel o categoría profesional.

El papelón del TPRL

Como indicaba al comienzo de este artículo, nuestro mundo laboral se ve continuamente influenciado por el efecto “copia-pega” y las leyendas urbanas.

Obra tras obra, caso tras caso no dejamos de encontrarnos con situaciones cuasi grotescas, encrucijadas de las que no sabemos muy bien cómo salir cuyo origen está en lo que alguien leyó en algún papel o escuchó en alguna parte. Naturalmente papeles y partes sin documentar pero soportados por el poder de hacerte la vida imposible, o lo que es lo mismo, “porque lo digo yo”.

Así, nos encontramos Planes de Seguridad y Salud que exigen el casco en toda la obra incluida la fase de jardinería sin máquinas, cargas suspendidas o posibilidad de caída de objetos, Coordinadores de SyS que exigen proyectos para colocar grupos electrógenos que alimentan una bombilla o mega-organizaciones que imponen la idea de que un peón es poco más que un inútil que ni sabe leer y es incapaz de aprender.

Si además el TPRL es temeroso de Dios, lo habitual es que siga el juego en lugar de jugársela y acepte por omisión o por conveniencia cualquier limitación que le deje dormir tranquilo y no le altere el gallinero, que bastante tiene con la que le cae encima a diario…

Y ahora vengo yo…

…Que tras encontrarme repetidas veces con la situación real de no poder admitir peones en una obra en base a la supuesta prohibición de que estos utilicen herramientas o maquinas simplemente por serlo independientemente de su cualificación real, me dio por “deconstruir” lo aprendido y ver la causa de dicha prohibición.

Y… ¡Oh! … ¡sorpresa!, ¡no he sido capaz de encontrarla por ninguna parte!, de hecho si alguien la encuentra por favor que me lo diga, pero lo que si encontré es alguna de las razones por las cuales se ha llegado a esta situación de admitir como válido este hecho y que se resume en estos puntos:

La errónea interpretación de la capacitación del trabajador.

En efecto, se entiende que la categoría califica y valora la cualificación del trabajador, pero eso no es correcto, la categoría únicamente clasifica al trabajador en función de las exigencias mínimas para desarrollar un trabajo acorde con la misma, por ejemplo: Para pertenecer a la categoría de Diplomados y Titulaciones técnicas, como mínimo hay que ser Diplomado o Titulado Técnico, pero no excluye a los que hayan continuado hasta convertirse en Titulados superiores.
Que un trabajador tenga un contrato como peón no implica que no esté cualificado para puestos de superior categoría, de hecho es práctica habitual contratar oficiales como peones para ahorrarse unos euros y aquí me remito nuevamente al comentario de mi buen amigo.
Tampoco es razonable pensar que un peón no pueda o no deba recibir formación relativa al uso de equipos de trabajo y herramientas habituales en cualquier obra o industria. Corríjanme nuevamente si me equivoco, pero para hacer un curso de carretillero no es exigible una categoría profesional específica.

Lo laboral y la Seguridad Laboral.

Las categorías profesionales y las funciones de cada una son simplemente eso, una clasificación que mide las capacidades básicas mínimas de cada trabajador para determinar su nivel salarial, atribuciones etc., pero siempre visto desde el punto laboral y contractual, nunca desde el punto de vista de la PRL, que lejos de tratar con categorías profesionales trata con individuos y puestos de trabajo.

Otra cosa es que mantener como peón a un trabajador que desarrolla habitualmente funciones y tareas propias de un oficial sea un abuso y una injusticia, pero eso no tiene en principio nada que ver con la SyS .

El batiburrillo documental en el que han convertido nuestra profesión mezclando documentos y trámites administrativos con los puramente preventivos lleva a este tipo de errores, propagados cual si de un virus social se tratase mediante el copia-pega de turno, de tal manera que mientras discutimos el sexo de los ángeles cuestiones como esta pasan desapercibidas.

Lo que diga el patrón

Finalmente lo que está claro es que es el empresario quién debe evaluar las capacidades, formación, aptitudes, etc. de sus trabajadores y facilitar los medios para el desempeño exigido por sus puestos de trabajo, independientemente de su categoría profesional, pues no en vano va a ser quien autorice al trabajador a utilizar cada equipo de trabajo o herramienta.

La única salvedad es que en casos como el de las grúas torre y grúas automotoras (y esperemos que con el tiempo muchas más) la posesión del carnet profesional específico es obligatorio para utilizar estos equipos, pero aún así el empresario tendrá que autorizar expresamente al trabajador y en contrapartida, si no dispone de carnet profesional, el empresario no puede autorizar al trabajador a utilizar el equipo.

Para terminar, como técnicos podemos dudar del criterio o de la honradez de un empresario poco escrupuloso y en ese caso nada más fácil que comprobar la formación del trabajador y observarlo en plena faena, incluso hacerle pasar alguna prueba, pero fuera de eso los criterios basados en suposiciones son poco profesionales.

Personalmente la idea de dejar en manos de tanto “pistolero” desaprensivo y descerebrado como circula por este país la capacidad de autorizar a un peón a trabajar con un manipulador telescópico o una simple radial me pone los pelos de punta, que se le asignen a un trabajador unas funciones y unas responsabilidades y se la contrate en categorías por debajo de su cualificación me repugna en extremo por la explotación y falta de consideración que ello implica, pero fuera de eso, al menos yo, no he podido encontrar ese escrito en el que se indique claramente que un peón no puede utilizar equipos de trabajo si reune las condiciones de formación, experiencia, etc. necesarios para tal finalidad.

A la inversa tampoco tenemos muchas garantías. ¿Le confiarían un manipulador telescópico a un oficial de 1ª que no ha utilizado uno en su vida?, es más, no se lo confiaría ni al mismísimo Jefe de Obra, especialmente si es del modelo “tengo ya el culo pelao de andar por las obras”.

En todo caso no me interpreten mal, no intento hacerle el juego a los descerebrados de turno, simplemente me parece ilógico y contraproducente sentar bases falsas para un fin loable, como puede ser el reivindicar la formación específica o la acreditación por organismos imparciales de carnés o credenciales que sean imprescindibles para la utilización de los equipos de trabajo o evitar que se ponga en manos de un indocumentado una máquina de 20 toneladas.

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3 Responses to Los peones ¿Leyendas urbanas?…

  1. Rarugon says:

    Gracias por recoger en un documento los fundamentos, desarrollo y conclusiones sobre la categoría de peón. Y como a tí, me han prohibido tener en obra peones por que “ni sabían, ni pueden y ni quieren hacer”, palabras textuales de la Dirección Facultativa.
    De hecho estoy revisando el convenio del metal, ya que te he entendido que la definición sería de mínimos o por lo menos que puede llevarse a interpretación más amplia.
    Y ya uno empieza a estar arto de llevarse ante la Dirección por el camino más facil de darles la razón.
    Lo dicho gracias por ayudarnos a recordar motivos

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  2. David Mairal says:

    Como te comento por Twitter, la visión clarividente que muestras a lo largo de tu blog me parece de lo más acertado que he visto en los últimos tiempos.

    Coincido con tus argumentos tanto en el fondo como en las formas que usas. Sin tener mucho tiempo para dedicarle (excusa para justificar mis mejorables habilidades comunicativas), escribí una reflexión semanas atrás sobre el asunto que tratas en este post.

    http://web.me.com/davidmairal/Space/Blog/Entries/2012/1/25_Cualquier_tiempo_pasado_fue_mejor.html

    Mi enhorabuena por una aportación de calidad.

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    • xomaloga says:

      Ufff, espero ser más pragmático que clarividente, no sea que me deslumbre tanto brillo y me de de morros con la realidad.
      El enlace que has incluido parece defectuoso y lleva a una página de error, pero he buscado y sería este: ENLACE

      Por cierto que comparto todo lo que dice en tu artículo, que será breve, pero no da lugar a confussiones banales.

      Ah¡ y gracias por los halagos.

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